Si ya es difícil marcar límites, todavía lo es más si lo que decimos no nos está sonando a nosotras, o directamente no conectamos con el mensaje que estamos recitando.
Y es que cuando no estás acostumbrada a expresar lo que necesitas – y lo que te enfada –
¿cómo no sentirte perdida al empezar a hacerlo?
Pero,
de tan asertivas que queremos ser,
del miedo que tenemos incrustado a ser incómodas, agresivas o tóxicas,
acabamos recitando frases prototípicas o robóticas,
fácilmente encontrables en libros de autoayuda:
“Entiendo que…
pero cuando tu…
el resultado es que yo…
y me siento…”
Pero tu asertividad no está en un libro, en un post o en un manual.
Puedes inspirarte y coger ideas, claro.
Pero hazlas tuyas.
Si suenas con un robot, te va a ser difícil convencerte de tus palabras.
Nos interesa saber cómo es tu asertividad; la tuya. Cómo puedes construirla.
Y que puedas crearla en armonía con tu esencia.
Y tranquila, si alguna vez no te sale la frase perfectísimamente asertiva y respetuosa, o se te escapa un tono más alto que otro.
O si a través de un gesto se percibe que tienes emociones, y que si te pinchan, sangras.
Porque puedes querer no herir con tus palabras – pero aún así puedes estar enfadada o dolida, y no pasa nada si eso asoma, porque eres humana.
De todas formas, cada proceso es único:
Hay personas con un estilo comunicativo más desde el enfado y la explosión, que sí que necesitarán mucho practicar una expresión más calmada y respetuosa, y para las que, habitualmente, lo más asertivo no será gritar.
Pero hay otras personas con tendencia a encontrarse sometidas y a ceder por sistema, para las en algunos casos, para liberarse, o cortar con ese yugo, con eso que las somete…
Lo asertivo será gritar (o largarse, o bloquear, o no contestar).
Welcome to WordPress. This is your first post. Edit or delete it, then start writing!